La preparación del PIR más exigente y de calidad


FACTORES PSICOLÓGICOS DE LA PREPARACIÓN DEL EXAMEN PIR

Puede parecer una perogrullada hablarle a un psicólogo de los aspectos psicológicos que rodean el hecho de tomar una decisión para preparar el examen PIR. No obstante, nos parece oportuno ofrecer al aspirante PIR unas pinceladas de los factores psicológicos que influyen en el periodo de estudio para lograr el objetivo deseado: Aprobar el PIR y conseguir una plaza de Psicólogo Interno Residente.

Sabemos que la motivación y la autoestima son aspectos psicológicos básicos que hacen posible el estudio, favorecen la memorización y permiten trazarnos objetivos más ambiciosos. Sin embargo, existen enemigos como los nervios, la ansiedad y la angustia que pueden bloquearnos y hacer disminuir nuestro rendimiento. Por esta razón, conviene conocer y entrenar los factores psicológicos.

1.
LA PREPARACIÓN DEL PIR COMO ETAPA DE CAMBIO


La finalización de los estudios universitarios supone la culminación de una primera fase de formación. La obtención del Título de Licenciado o del Grado en Psicología nos abre la puerta a la especialización.

Dejar la Facultad de Psicología implica la mayoría de las veces una ocasión de cambio cualitativo en el modo de vida. Se deja atrás el ambiente universitario y comienza el acceso al mundo laboral. Sobre esta perspectiva se inicia un cambio en las relaciones familiares, sociales y personales.

En la mayoría de los casos, la posesión de la Licenciatura o Grado en Psicología no es garantía de acceso directo al trabajo. Resulta imprescindible seguir estudiando para lograr la especialización. Los psicólogos tienen la posibilidad de especializarse realizando un Máster (Psicólogo General Sanitario) o vía PIR (Psicólogo Especialista en Psicología Clínica).

 

El PIR, por tanto, es la puerta de entrada que permite ejercer exclusivamente como Facultativo Especialista de Área en el Sistema Nacional de Salud y trabajar en consultas o centros de psicología clínica.

El PIR es una oposición dura. Es la más competitiva de todas las titulaciones, alcanzando ratios de 30 aspirantes por plaza (los médicos, 2 aspirantes por plaza).

Terminada la carrera de Psicología, se presenta una perspectiva de 7-8 meses de intenso estudio, de repaso exhaustivo de todas las materias. Esta situación vendrá condicionada por la situación personal del momento y la claridad de ideas en cuanto al objetivo a alcanzar.


2.
FACTORES PSICOLÓGICOS ANTERIORES A LA PREPARACIÓN DEL EXAMEN PIR


A) LA ESPERANZA DE CONSEGUIR LA ESPECIALIZACIÓN EN PSICOLOGÍA CLÍNICA VÍA PIR

La perspectiva de conseguir la especialización vía PIR parecer ser, en principio, lo que desea cualquier psicólogo. Sin embargo, si se hace una reflexión analítica más profunda vemos que la situación es más delicada y compleja de lo que pueda parecer en un primer momento.

La plaza de Psicólogo Interno Residente es un puesto de trabajo que como tal permite al psicólogo poner en práctica lo que ha estudiado en la Facultad y es la única vía para complementar la formación y recibir la titulación que la certifique.

El puesto de trabajo como PIR conlleva nuevas experiencias y, en ocasiones, numerosas responsabilidades, rotando en los distintos dispositivos asistenciales sanitarios. Los miedos a diagnosticar a un paciente o los temores a equivocarse en una terapia, suelen ser muy frecuentes.

Por otro lado, el acceso al mundo laboral conlleva profundos cambios en la esfera personal que pueden originar algunos de los cambios siguientes:

    • Cambios en la situación dentro de la familia. Muchas veces se abandona el hogar familiar, incluso es menester trasladarse a otra ciudad; otras veces se inicia una vida en pareja. Todo ello supone la asunción de nuevas responsabilidades.
    • Cambios en la situación económica. Es el momento de la responsabilidad en la gestión de los ingresos y gastos para llegar a final de mes.
    • Cambios en la situación personal. Se adquiere, por fin, una autonomía emocional. La madurez suficiente para asumir las nuevas responsabilidades.

B) EL INICIO

Sabemos que cada psicólogo toma la decisión de preparar el examen PIR, partiendo de una situación académica y personal diferente.

a) Inicio académico

 

 

Requiere un cambio de mentalidad. Ya no se trata de estudiar como en la Universidad, sacando créditos con aprobados y notables, presentar trabajos, hacer prácticas, etc.; ahora es necesario conseguir los mejores números de orden para lograr una plaza. Pasamos de una exigencia académica “relajada” a una oposición dura y exigente que solamente ganará el aspirante que haya obtenido las mejores puntuaciones.

El universitario que haya aprobado la carrera con aprobados, estudiando una semana antes de los exámenes, debe empezar a preocuparse… a cambiar su mentalidad. Conseguir una plaza PIR no es aprobar con una nota de 5, es imprescindible estar entre los mejores. Aunque ello tampoco debe ser un motivo de excesiva preocupación en lo que se refiere a la contribución del baremo académico a la calificación final. Es conveniente alejar esta preocupación y centrarse en el estudio.

 

Por otro lado, tenemos a los estudiantes que han obtenido excelentes notas en la Facultad. Su situación es muy diferente a la anterior. Todo el mundo espera de estos estudiantes un buen resultado en el PIR, que consigan plaza y se encuentren en los primeros puestos. Se dan casos de actitudes agresivas por parte de los demás hacia estos estudiantes, señalándolos como “empollones”, “aburridos”, “solitarios”, “no saben divertirse”, “siempre estudiando”, “no salen de casa”, etc.

Habría otro grupo, minoritario, de psicólogos que preparar el examen PIR después de algunos años ejerciendo la psicología. Suenen ser personas de más edad, experiencia profesional más dilatada y con otro estilo de vida. Su situación personal es diferente, están emancipados de su familia, incluso casados y con hijos. Por razones personales y familiares no pueden cambiar su lugar de residencia. Tienen las ideas más claras. Por un lado, parecen tener más “pereza”, les cuesta “coger los libros”, volver a situaciones estudiantiles pasadas; por otro lado, quizás estén más motivados que sus colegas más jóvenes.

Por último, está el grupo de los “repetidores”. En este caso, va a depender mucho la forma de aceptar esta situación. Puede ser positivo en el sentido de que su motivación sea más intensa para volver a intentarlo y aprovechar el esfuerzo realizado; aunque también puede ser negativo, se oponga a presentarse y “tire la toalla” por miedo a repetir el “fracaso” en la próxima convocatoria.

 
b) Inicio personal

 

Aquí también la decisión de preparar el examen PIR depende de la variedad de situaciones personales. Cada psicólogo tiene su mundo y diferentes circunstancias personales.

El aspirante PIR vive en casa de sus padres. Esta situación personal estará condicionada en gran manera por la economía familiar y la relación que mantenga padres-hijo. De todas maneras, vivir en casa de los padres es un factor de seguridad, dado que el “estudiante” PIR puede volcarse y centrarse exclusivamente en la preparación sin preocupaciones importantes, dado que sus necesidades básicas están cubiertas por los padres.

Otra situación personal muy diferente es la del psicólogo que trabaja, vive fuera de la casa de sus padres e incluso tenga su propia familia. Aquí es complicado que el aspirante PIR logre centrarse en el examen, encontrar ese tiempo necesario para el estudio. Esta circunstancia puede llevar a una sensación extraña de culpa y la angustia de no “llegar a todo”.


3.
FACTORES PSICOLÓGICOS DURANTE EL PERIODO DE LA PREPARACIÓN DEL EXAMEN PIR


A) SITUACIÓN QUE PRODUCE ANGUSTIA

La evolución de la preparación del examen PIR está condicionada por la esperanza de conseguirlo y por su punto de partida.

El periodo de preparación del examen PIR es una etapa de cambio. Un tiempo de transición.

La perspectiva de trabajar en lo que se desea y lograr mayor independencia personal y económica es la finalidad que se persigue y ello supone un rayo de esperanza. Aunque también tiene su lado negativo, lograr aprobar el examen PIR implica mayor responsabilidad laboral; mayor madurez personal y posible independencia de los padres con el consiguiente riesgo y angustia.

Ante el cambio, se produce una situación de ambivalencia. Por un lado, el cambio se desea y se teme a la vez. Esta circunstancia puede suponer un aliciente de estudio pero también puede significar una desaceleración en la motivación.

Esta ambivalencia en distintos grados va a depender de la situación personal de cada uno. Por poner un ejemplo, supongamos que un psicólogo está obteniendo muy buenas notas en los simulacros y, sin embargo, llega al examen PIR y obtiene resultados muy bajos. De esto se culpará a los “nervios” del momento o a la “mala suerte”, sin hacer un análisis más profundo.

Esta circunstancia produce angustia y estrés que va creciendo conforme se aproxima la fecha del examen. El psicólogo se juega mucho.

 

Es bien sabido que el examen PIR es una oposición. Esto puede ser una oportunidad para manifestar los problemas personales en comparación con los demás candidatos. La presentación de una “lista” de todos los aspirantes del mejor al peor hace que nos comparemos competitivamente con los otros, situándonos mejor o peor ante los demás y ante sí mismo.

La preparación del examen PIR aísla e incomunica socialmente al psicólogo. No “hay tiempo que perder”, no “hay tiempo para la familia, amigos y pareja”. En muchas ocasiones existe “mal humor”, “disgusto”, que dificulta estas relaciones familiares y sociales. Muchos “estudiantes” del PIR se quejan de que no soportan el aislamiento social, que no pueden salir con los amigos a tomar copas.

Como consecuencia de este aislamiento, la persona que prepara el examen PIR se vuelca con otras personas que también lo están preparando, buscando apoyo emocional mutuo y motivación personal. Parece como una vuelta al ambiente estudiantil de la Facultad donde las relaciones entre iguales tenían algo en común.

La situación de incertidumbre termina reflejándose en el ambiente que se forma el psicólogo que prepara el examen PIR. Las preocupaciones aumentan conforme se aproxima la fecha del examen.

 

B) MANEJAR LA ANGUSTIA


Siendo los aspectos mencionados comunes a todos los psicólogos que preparan el examen PIR, no cabe duda que cada uno lo vive de forma distinta. La ansiedad, el estrés, dependería del grado de tolerancia de cada persona.

Por tanto, durante el periodo de preparación del examen PIR pueden existir variaciones en una única persona en cuanto al grado de angustia, pero casi siempre tiende a aumentar al acercarse la fecha del examen.




Por un lado, existen personas que preparan el PIR que toleran bien la angustia que sienten. En este caso, estamos ante una angustia creativa, motor y estímulo al estudio.

Por otro lado, tenemos a esas personas que se angustian excesivamente, con baja tolerancia a la angustia y frustración. Sería la angustia destructiva, que impide a la persona ponerse a estudiar. En ocasiones, puede ser una excusa para justificar su “pasotismo”; otras veces puede llegar a manifestar psicopatologías de mayor o menor gravedad. Ante estos casos extremos conviene buscar ayuda y llegar al convencimiento de que su salud mental es más importante que la preparación del PIR.

La gran mayoría de los psicólogos que preparan el PIR se sitúa en un término medio, aunque padecen angustia no suele presentar entidad patológica suficiente para dejar de estudiar.

El estoicismo es una actitud presente en muchos casos. Más o menos viene a decir que “hay que hacer el PIR, no queda más solución que aguantarse”. En el periodo de preparación del examen PIR cabe otra actitud, la actitud de serenidad. Es conveniente mantener esta actitud en aras de uno mismo y de la eficacia del estudio. Se recomienda cierto “distanciamiento” de la situación estresante, tomarse las cosas en su justa medida, siempre en un término medio. Es difícil de mantener una actitud serena que no nos perturbe, pero se debe intentar. Cada persona tiene sus propias estrategias; unos, preferirán “sentarse” y “reflexionar”, hacer un “alto en el camino”; otros, elegirán alguna vez la “fiebre del sábado noche” o participar en actividades deportivas o recreativas. Cada uno es diferente.

Y, hablando de estrategias, los cigarrillos que llenan los ceniceros, la toma de café en cantidades, los estimulantes, son las estrategias menos indicadas. Atiborrarse de café o de sustancias estimulantes impide buscar otros recursos personales.

 

Como psicólogos sabemos que las técnicas de relajación pueden paliar el estrés y la angustia, mejorando la seguridad en uno mismo. La toma de tranquilizantes debe ser supervisada por un especialista.

En conclusión, la preparación de la oposición del PIR dependerá exclusivamente de la actitud del sujeto.


4.
FACTORES PSICOLÓGICOS POSTERIORES A LA PREPARACIÓN DEL EXAMEN PIR



Después del examen e incluido en las listas de números de orden, es el momento de pararse a reflexionar y realizar un balance de todo el proceso de la preparación del examen PIR.

Si se ha alcanzado el número de orden que se pretendía, conviene ahora pensar en muchas cosas, prioridades en el momento de escoger plaza, prestigio del hospital o servicio, ciudad donde trasladarse a vivir, posibilidad de volver a repetir, etc.

El resultado del examen PIR es importante, pero también lo son las decisiones post examen PIR.



5.
LA PREPARACIÓN DEL EXAMEN PIR CON VISIÓN RETROSPECTIVA


Hay psicólogos especialistas vía PIR que recuerdan con cierta nostalgia el periodo de preparación del examen PIR a pesar de haber transcurrido a veces algunos años. Uno de los motivos de este “grato” recuerdo pudiera ser la naturaleza de periodo de transición, que acaba siempre abriendo una puerta, dando una oportunidad.

Resulta paradójico recordar retrospectivamente un periodo duro como es la preparación del examen PIR, quizás porque tal vez no fue tan duro ni desagradable como al principio podríamos pensar.